El actual jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, se encuentra siendo investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Hace casi dos meses que no paramos de ver cómo aparecen viajes, propiedades no declaradas, uso discrecional de bienes públicos, piletas con cascadas, el pago de 245 mil dólares en efectivo y muchas otras cosas más. Está más que claro que si uno revisa la declaración jurada de Adorni en el período fiscal pasado, es muy difícil no advertir que algo extraño está pasando con su nivel de vida: lo mínimo que se puede hacer es dudar.
El actual jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, se encuentra siendo investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Hace casi dos meses que no paramos de ver cómo aparecen viajes, propiedades no declaradas, uso discrecional de bienes públicos, piletas con cascadas, el pago de 245 mil dólares en efectivo y muchas otras cosas más. Está más que claro que si uno revisa la declaración jurada de Adorni en el período fiscal pasado, es muy difícil no advertir que algo extraño está pasando con su nivel de vida: lo mínimo que se puede hacer es dudar.
La pregunta del millón, y que muy pocos se hacen (o al menos no con tanto asombro como el que genera una cascada dentro de una piscina) es: ¿cómo hizo tanto dinero? Y acá es donde nos detenemos en algunos conceptos que eventualmente van a terminar siendo el núcleo de la investigación.
LA PUERTA GIRATORIA: un concepto importante en gestión pública y que explicaría mucho
En la década de los 70, en EEUU, se introdujo el concepto de «puerta giratoria» con estudios que analizaban cómo incidía la experiencia laboral de los funcionarios en el sector privado al pasar a trabajar en las agencias regulatorias de aquel entonces. Hoy el término describe la circulación de individuos desde la función privada hacia áreas sensibles del Estado vinculadas a esos mismos privados, o bien el camino inverso: pasar del sector público al privado cargando con información privilegiada. Pero hay una tercera dimensión que también está descripta con precisión en el ensayo «Puerta giratoria de salida en Argentina. Riesgos para el bien común, regulación vigente y herramientas», de José Luis Taureñ Xifra: el uso de esa información privilegiada para favorecer a privados amigos con contratos del Estado, en detrimento del bien común.
El ejemplo más relevante en este momento es el del propio Adorni. La denuncia presentada por la diputada nacional Marcela Pagano le imputa, además de enriquecimiento ilícito (art. 268 idel Código Penal), los delitos de fraude en perjuicio de la administración pública (art. 174 inc. 5), negociaciones incompatibles con el ejercicio de funciones públicas (art. 265), abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público (art. 248) y asociación ilícita (art. 210).
¿Por qué importa especialmente que sea el jefe de Gabinete el imputado? Porque ese cargo es en el esquema actual uno de los que más poder e información concentra. Bajo la órbita de Adorni conviven la coordinación de todo el GABINETE NACIONAL, la política de comunicación del Estado, los medios públicos (incluida la TV Pública), las áreas de Turismo, Ambiente y Deportes (con fondos como el ENARD y el Fondo Nacional de Turismo) y la gestión de recursos naturales y áreas protegidas. Tras el decreto 793/2025, absorbió además las competencias de la ex Secretaría de Comunicación y Medios de la Presidencia, convirtiéndolo en uno de los funcionarios con mayor acumulación de poder. Quien ocupa ese cargo sabe, y en tiempo real, qué contratos se licitan, qué empresas están en carrera y qué áreas del Estado tienen presupuesto para gastar.
Contratos, consultoras y conflicto de intereses
Ese poder de información es exactamente lo que hace tan relevante la figura de la PUERTA GIRATORIA en este caso. La denuncia de Pagano señala que la consultora +BE, de Bettina Angeletti (esposa de Adorni), habría celebrado contratos de capacitación con empresas que tienen vínculos directos con el Estado. Entre ellas, National Shipping S.A., naviera con contratos históricos con YPF, cuyos gerentes y jefes Angeletti habría capacitado en tres oportunidades durante 2024 y 2025 por un monto total de 6.370.000 pesos. También se investiga la figura del contratista Marcelo Grandio y su relación de amistad con Manuel Adorni, así como contratos de +BE con organismos públicos como Aerolíneas Argentinas, AySA, ARCA, Banco Nación y otras.
Un vínculo llamativo involucra al Grupo Foggia, empresa que compite por quedarse con la concesión de Tecnópolis por 25 años, un negocio valuado en más de 183.000 millones de pesos. Ese proceso de concesión está gestionado por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), que depende directamente de la Jefatura de Gabinete que conduce el propio Adorni. Lo que está confirmado judicialmente es que Foggia Group es cliente de la consultora +BE: la firma asesora a la empresa e incluso prestó su correo electrónico para búsquedas de personal. El juez Lijo ya requirió expedientes y legajos societarios para analizar esos vínculos, y ordenó a ARBA levantar el secreto fiscal de Adorni y su esposa para reconstruir sus movimientos financieros.
La conexión con YPF suma otro dato. Adorni fue designado Director Titular de la petrolera estatal en representación del Estado en enero de 2026, con posterioridad a las capacitaciones que +BE brindó a National Shipping. Desde esa empresa aclararon que sus contratos con YPF existen desde hace 28 años y que el nombramiento de Adorni fue posterior, pero esa aclaración no resuelve la pregunta de fondo: si el mismo funcionario que supervisa la concesión de Tecnópolis, integra el directorio de YPF y coordina el gasto del Estado tiene simultáneamente a los oferentes de esas licitaciones como clientes de la consultora de su esposa, el concepto de «puerta giratoria» deja de ser un concepto teórico y se convierte en una descripción literal. La diferencia: en lugar de saltar él al sector privado, lo estaría haciendo su esposa (de empresa a empresa), pero todas con un vínculo con el Estado.
La senadora, el asesor detrás de la cortina y el silencio
En la madrugada del martes 6 de mayo, a la 01:13, el asesor presidencial Santiago Caputo publicó en su cuenta de X un mensaje que decía: «Una palabra / No dice nada / Y al mismo tiempo, / Lo esconde todo.» Claramente, haciendo alusión al silencio. Bueno, horas más tarde, ese mismo día, la senadora de LLA, Patricia Bullrich apareció en una entrevista con Eduardo Feinmann en A24 para exigir públicamente que Adorni presente «de inmediato» su declaración jurada, advirtiendo que el escándalo tiene al Gobierno «empantanado». El orden cronológico sí podría ser importante: primero vino el tuit de Caputo (críptico, poético, imposible de atribuir sin quedar expuesto) y después la presión pública de Bullrich. En política argentina, esa secuencia tampoco es un dato menor.
Y lo que sí está documentado es que Bullrich y Caputo tienen una historia en común que precede a La Libertad Avanza. El libro El Monje, de los periodistas Maia Jastreblansky y Manuel Jove, relata cómo Caputo comenzó a tratar con Bullrich en su sueño presidencial antes de volcarse a la campaña de Javier Milei. Según cuenta el libro, fue en ese vínculo previo donde Caputo construyó con Bullrich el camino presidencial que luego tomó otra dirección. De hecho, habla de una escena: «Yo voy a ser presidenta con vos o sin vos, rubio», claramente refiriéndose a Santiago Caputo. No terminó siendo presidente, pero sí continuó un vínculo fugaz del pasado.
Por qué la declaración jurada es clave
La Oficina Anticorrupción (OA) es, en Argentina, el único mecanismo institucional que intenta frenar (o al menos visibilizar) el fenómeno de la puerta giratoria, las incompatibilidades con la función pública y el manejo de información privilegiada. Ha habido proyectos para reformar la Ley de Ética Pública considerando esto, pero han quedado en el tintero. Aunque bastante débil institucionalmente ya que es el mismo oficialismo quien está a cargo, la OA trabajaría como un control sobre estas cuestiones, y lo hace poniendo una lupa sobre el patrimonio de cada funcionario o persona políticamente expuesta a través de la presentación periódica y obligatoria de sus declaraciones juradas patrimoniales. Cuando ese documento no se presenta en tiempo y forma, o cuando lo declarado no coincide con el nivel de vida que se observa, la OA pierde su única herramienta de control efectivo.
El escándalo Adorni no deja de crecer. En política, las coincidencias no se ignoran: un tuit críptico a la madrugada, una senadora que apura públicamente a un funcionario del mismo espacio, un fiscal que pide pruebas, un juez que levanta secretos fiscales, y una declaración jurada que todavía no llega.
Todo eso, por separado, podría tener alguna explicación racional , pero cuando esto se da en el mismo momento, cuentan una historia que la ciudadanía tiene derecho a conocer, por más que él mismo repita a mansalva: «No voy a entorpecer el avance de la causa» mientras aparece (hablando de coincidencias) toda una masa digital de escrache presionandl al testigo, con diputados y senadoras provinciales incluidas (el decoro y la división de poderes… bien, gracias).
Mientras Adorni no presente su declaración jurada, la escena política argentina será como ver la misma temporada de una serie 50 veces seguidas. Por más que culpen al periodismo, o que clasifiquen al periodismo según su agrado, o aunque exijan en conferencia de prensa qué preguntas hacer o no hacer, acá, quien manda es la opinión pública. Y no me gustaria ser aguafiestas, pero creo que esa mism opinión pública se cansó de tener al país dando vueltas alrededor de una puerta giratoria: la propia historia argentina dice que la sociedad argentina se cansa cuando comienza a sentirse un poco encerrada.
Martín Carrizo






