Por primera vez en más de 2 décadas, la FDA [agencia reguladora de EEUU] aprobó un nuevo medicamento para el dolor agudo: la SUZETRIGINA.
No pertenece al grupo de los opioides y se presenta como una alternativa para el dolor moderado a severo después de cirugías u otros procedimientos que generan dolor post práctica.
Todo esto en un contexto marcado por la crisis de opioides y la necesidad de opciones más seguras por riesgos a adicciones, etc.
Durante años, el dolor intenso se trató casi siempre con opioides: eficaces para aliviar, pero con un costo altísimo en términos de adicción, sobredosis y efectos adversos graves. La magnitud de esa crisis obligó a buscar analgésicos que no actúen sobre los mismos circuitos cerebrales de recompensa ni generen la misma dependencia, pero que sigan siendo útiles para el dolor agudo.
La SUZETRIGINA funciona bloqueando de manera selectiva un canal de sodio específico (Nav1.8) en las neuronas que llevan la señal de dolor desde la periferia hacia el sistema nervioso central. En lugar de “apagar” el cerebro o sedar al paciente, lo que hace es frenar la transmisión del estímulo doloroso antes de que llegue al sistema nervioso central. Es el primer analgésico sistémico aprobado y que se dirige a este blanco de forma tan específica, lo que abre la puerta a una nueva familia de fármacos para el dolor.
En los estudios clínicos realizados en pacientes sometidos a cirugía, la suzetrigina logró reducir más el dolor que el placebo y permitió disminuir la cantidad de opioides necesaria en el posoperatorio. Sin embargo, no demostró ser claramente superior a las combinaciones tradicionales de opioides con paracetamol, por lo que se la ve más como una alternativa dentro del arsenal terapéutico que como una solución definitiva o “medicamento milagroso”.
El perfil de efectos adversos es diferente al de los opioides: prurito (picazón), espasmos musculares, aumento de enzimas musculares (CPK) y erupciones en la piel, pero sin el mismo patrón de depresión respiratoria o alto riesgo de dependencia que caracteriza a los analgésicos opioides clásicos. Aun así, se trata de un medicamento nuevo, caro y con indicación limitada al dolor agudo de corta duración, lo que deja abierta la discusión sobre acceso real y cobertura.
La FDA mantiene advertencias estrictas sobre el uso de antiinflamatorios no esteroideos (como ibuprofeno, naproxeno o diclofenaco) durante el EMBARAZO, especialmente después de la semana 20.
El motivo es el riesgo de afectar la función renal del feto y disminuir el líquido amniótico, lo que puede tener consecuencias serias. Eso limita mucho el uso de este grupo de fármacos como analgésicos en embarazadas.
Más allá del embarazo, este fármaco podría resultar un punto bisagra en el uso de analgésicos, sobre todo en momentos donde la adicción por opioides azota a gran parte del mundo.
Martín Carrizo





