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PAMI EN GUERRA

En enero de 2026, PAMI arrastraba una deuda estimada en $400.000 millones con farmacias de todo el país, con pagos demorados entre 45 y 60 días y liquidaciones de noviembre y diciembre todavía sin cancelar (tengo decenas de testimonios que recibí por Instagram). Dicen estar al borde del colapso, sobre todo las farmacias más chicas y de localidades del interior, donde la obra social concentra más del 50% de la facturación mensual y el atraso está acortando el crédito con las droguerías, con discontinuidad de medicamentos sensibles, caros como oncológicos. El conflicto se extendió a la red de clínicas y sanatorios. Desde febrero de este año, 19 instituciones de Río Negro y Neuquén y otras 9 de Chubut y La Pampa suspendieron algunas atenciones programadas y las prestaciones ambulatorias no urgentes a afiliados de PAMI. En esos centros, la obra social aporta cerca del 40% de los ingresos y las deudas acumuladas en algunas provincias ya superan los $ 1000 millones: riesgo con pago de salarios, guardias y tratamientos de alta complejidad. En este mes (marzo), el arrastre también alcanzó a otros prestadores: odontólogos (ya hay suspensión odontológica en el interior, según testimonios), ópticas y acompañantes terapéuticos en varias provincias empezaron a cortar o restringir la atención por deudas de dos y hasta 3 meses. Localidades como Junín, Tandil, Olavarría o Mar del Plata ya registran servicios caídos o muy limitados para afiliados de PAMI, y buena parte de esa demanda se vuelca a hospitales y centros de salud públicos que no recibieron recursos adicionales para absorberla. Mientras tanto, PAMI sostiene en sus comunicados que la situación está bajo control (?) y que los pagos se realizan “dentro de los plazos”, las cifras que aportan farmacias, clínicas y colegios profesionales describen un escenario de desfinanciamiento: cientos de miles de millones de pesos adeudados, atrasos generalizados y una red de prestadores que empieza a agotarse en detrimento de los jubilados. Es real q hubo pagos parciales después del portazo, pero no alcanzó para desactivar este caos sanitario. Si esto sigue así, sin una actualización de aranceles firme y acorde al déficit que se maneja por la inflación y sin un cronograma de pagos que no penda de un hilo mes a mes, las clínicas y los sanatorios seguirán trabajando sobre una cuerda floja, con la amenaza latente de futuras nuevas suspensiones.

Martín Carrizo

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